OÍDOS PARA LA TUBA

Por Juan Miguel Álvarez | Fotografías Jess Ar

Ciudad Cultural hace un recorrido por los orígenes y crecimiento del MC Festival, con instrumentos de cobre y percusión. Un evento musical promovido en Pereira por Ignacio Antonio Ríos, actual director de la Banda Sinfónica.

EL MC FESTIVAL BRASS AND PERCUSSION

Primero, el instrumento. Se llama tuba y es el mayor de la familia de viento-metal. Las hay de cobre o de bronce y en los últimos años han fabricado algunas en resina sintética. Tiene un sonido tierno y enamorador. Más arrugado que el de una trompeta, más potente que el de un corno y con la posibilidad de un registro más grave y alto. En las orquestas sinfónicas se distingue porque acompaña los bajos de algunas cuerdas —como el violonchelo y el contrabajo—, y de algunos tonos medios de maderas —como los del clarinete y el fagot—. Aunque, de un tiempo para acá, ha ganado protagonismo y le han concedido espacio para solos. Si pudiéramos estirarla, la tuba mediría unos siete metros. Enroscada, su tamaño puede equivaler al tórax de un músico adulto sentado. Si un niño de unos 10 años la carga de un lado a otro, la tuba se ve más grande y ancha que el niño.

Lleno total durante unas de sus presentaciones en La Catedral.
Foto: Jess Ar.

El MC FESTIVAL BRASS AND PERCUSSION es una de esas rarezas exquisitas. Un poco inexplicables.

Segundo, el músico. Mel Culberston, un gringo orgulloso de sus raíces Cherokee, llegó a convertirse en el más destacado tubista del mundo en las últimas tres décadas. Murió en 2011 en una sala de hospital, en Francia, país en donde llevó adelante su carrera. Su legado es variado: como profesor y maestro, dejó una numerosa lista de tubistas brillantes en varios países del mundo, sobre todo, en Europa Central. El colombiano Andrés Arévalo tuvo la fortuna de ser uno de sus discípulos. Como tubista principal de orquesta, Culberston hizo parte de la Sinfónica de Hague, en Holanda, de la Filarmónica Radio Nacional de Francia y de la Orquesta Nacional de Bordeaux-Aquitania. Quizás, su más grande aporte a la música sinfónica contemporánea fue el de disputar con el sector más conservador de la música sinfónica europea —y ganar— un lugar para la tuba como instrumento solista a lo largo de una obra, no sólo como acompañante, y un lugar como instrumento individual para interpretar obras exclusivas en sala.

Los instrumentos de cobre son los protagonistas en diferentes espacios y con un amplio repertorio. El público los observa detenidamente. Foto: Jess Ar.

Tercero, el festival. El MC Festival Brass and Percussion es una de esas rarezas exquisitas un poco inexplicables. Su primera versión tuvo lugar en 2010, en Bogotá. Fue un homenaje a la obra del maestro Mel Culberston —por eso MC—, un escenario privilegiado para la interpretación de la tuba y un espacio único para que los aprendices de este instrumento se rodearan de los maestros en talleres y ensambles. Y desde 2012 se viene celebrando en Pereira, salvo en el 2014. En este 2016 la ciudad disfrutará de su cuarta versión y el evento se convertirá en una sólida constatación del buen aire musical que ha cultivado Pereira en la última década.

Ignacio Antonio Ríos Torres llegó a Pereira hace 23 años. Egresado del Conservatorio del Tolima y de la licenciatura en música de la Universidad de Caldas, venía con la expectativa de establecerse acá sólo un año pero la ciudad lo fue seduciendo y terminó quedándose del todo. Hoy es el director de la Banda Sinfónica de Pereira y el doliente de los servicios de orientación musical que ofrece el Instituto Municipal de Cultura, entre otras actividades en torno a la academia musical.

A comienzos de 2012, Ríos Torres recibió un correo del tubista Andrés Arévalo para decirle que el MC Festival ya no iba más en Bogotá, que él había tocado todas las puertas y no había conseguido financiamiento. Le explicó qué buscaba del festival y cuál era el énfasis, y le propuso que intentara organizarlo en Pereira, “sobre todo, porque mucho joven de la provincia no tenía los recursos para viajar a Bogotá a disfrutar del festival”, explica Ríos Torres. Para un estudiante no era fácil: además de los costos mínimos —transporte, alimentación y hospedaje—, si quería participar en los talleres tenía que cargar su propia tuba —si contaba con una— o conseguirla prestada. A sabiendas de que en las bandas y orquestas, por lo general, no abunda este instrumento.

Arévalo le habló a Ríos Torres de Mel Culberston. Quienes habían sido sus estudiantes querían propagar el amor por la tuba y continuar con el modelo de enseñanza que él les había inculcado. “La tuba no ha sido atractiva para los jóvenes que estudian música, entonces Culberston se dedicó a promocionar este instrumento y que los compositores escribieran obras para la tuba en solista”, dice Ríos Torres. “Pero que el estudiante no sólo se preocupara por ser un excelente instrumentista, sino también una persona sencilla y generosa con el conocimiento, una muy buena persona”. Ocurría, además, que en Colombia no había un gran desarrollo musical de los más grandes instrumentos de viento-metal. La tuba, el eufonio, incluso el corno parecían olvidados en comparación a la atención que le prestaban a la trompeta, el clarinete y el saxofón. De organizar el MC Festival en Pereira, los músicos de la ciudad podían disfrutar de la presencia de los maestros actuales de la tuba y aprovechar sus conocimientos. Junto con Andrés Arévalo vendrían Fabièn Wallerand, Bastien Baumet y Vicent Lepare, tres de los más virtuosos discípulos de Culberston, y la pianista japonesa Mari Kiagehira.

Ríos Torres hizo la gestión con la empresa privada y con el Instituto Municipal de Cultura y en julio de ese año logró realizar la tercera versión de este festival, primera en esta ciudad. Fue un encuentro pequeño, casi íntimo para músicos y estudiantes, con presentaciones en salas y talleres.

El auditorio del Banco de la República es otro de los escenarios donde suenan estos instrumentos.

Con el  MC FESTIVAL EN PEREIRA, los músicos de la ciudad han podido disfrutar de la presencia de los maestros actuales de la tuba y aprovechar sus conocimientos. 

En 2015, la ciudad vibró con el festival. Entre la primera versión y ésta sucedieron algunos cambios. Se amplió la base instrumental. La tuba y el piano se complementaron con instrumentos de percusión y otros de viento-metal. Trombón, eufonio, corno y trompeta, más percusión. Esto permitió que al nombre del festival se le añadiera “Brass and Percussion”. Para Ríos Torres esta ampliación fue necesaria para darle vida a unos instrumentos que “no son conocidos comercialmente pero que tienen gran importancia hoy en día”. Además, permitió que la banda sinfónica de Pereira, que está conformada por instrumentos de viento y percusión, aprovechara mejor la presencia de los maestros.

En las mañanas y en las tardes, músicos y estudiantes asistían a los talleres y preparaban ensambles para interpretarlos en recitales nocturnos. Y aquí vino el segundo cambio: ya no sólo se presentaron en salas para públicos limitados: también ofrecieron conciertos en espacios abiertos y por toda la ciudad. En el corregimiento de La Florida, en la plazoleta del edificio Lucy Tejada, en la peatonal de la Alcaldía, entre otros. Y celebraron un enorme recital en la Catedral con al menos setenta músicos que llenó el recinto.

No sobra decir, que al repertorio clásico de obras y composiciones sumaron aires del folclor colombiano, para las que invitaron al maestro del eufonio Ramón Benítez. “Nuestra música siempre ha jugado un papel importante dentro de las orquestas. En un recital, la Banda Sinfónica de Pereira abre con una obra clásica mundial y cierra con una obra de la música colombiana. Así cuidamos nuestra identidad”.

En la actualidad, el MC Festival Brass and Percussion es el único en Colombia que ofrece esta gama de instrumentos y se ha convertido en una referencia para estudiantes y músicos residentes en lugares diferentes a Bogotá. Y ha mantenido el fervor pereirano por la música más bella.