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El ridículo culto a la virginidad

Autor: Ana Milena Duque // La Indecente

 La idea es obsoleta y totalmente alejada de la compleja anatomía femenina. Considerarla como una simple creencia es comenzar a romper los esquemas absurdos que las mujeres tuvimos que cargar por muchos años. 

¿Usted se acuerda lo que pensaba sobre la virginidad cuando apenas empezaba la adolescencia?  Para muchas fue incluso un dolor de cabeza porque estábamos llenas de expectativas frente a la primera vez, y la verdad es que incluso la poca información que las mujeres recibíamos apuntaba a ser una experiencia dolorosa, incómoda, e incluso traumática; porque algunas sangraban y poco se hablaba de la existencia del orgasmo, un invitado que ni siquiera hacía parte de la ecuación por aquel entonces.

Mi caso fue particular, los orgasmos estuvieron presentes desde la primera vez. Decidí abordar el tema de la virginidad por los cachos, rompiendo ese gran tabú que sigue instaurado en nuestro cerebro y que a pesar de estar en pleno siglo XXI sigue siendo muy frecuente en las consultas sobre salud menstrual: la creencia extendida de que la castidad de una mujer habita en el himen.

Primero, la virginidad no existe, ha sido una creencia instaurada acerca de la delgada capa que cubre parte de la entrada vaginal y se rompe cuando supuestamente una mujer es penetrada por un pene. 

Abogar por la virginidad no solamente es obsoleto, sino que además no encaja en los tipos de sexualidad y orientación sexual que existen actualmente. Esa falta de actualización en el concepto es exclusivamente falocentrista y patriarcal (ideología de que el falo, u órgano sexual masculino, es el elemento central en la organización del mundo social) y no todos los seres humanos están de acuerdo con dicho concepto, porque no todas las relaciones que existen en el mundo son heterosexuales. 

La corona vaginal, como preferimos llamarla acá, es una membrana flexible y muy diversa de persona a persona. Está ubicada entre 1 y 2 cms de la entrada vaginal y se estira normalmente gracias a la lubricación, naturalmente trae diversos tipos de perforaciones para que cuando llegue la menstruación no haya ningún inconveniente en la evacuación del fluido. Lo que sí es cierto es que su sensación al estirarse es muy personal. 

Esto nos muestra por ejemplo que el sangrado durante la relación sexual, sin importar si es la milésima vez o la primera vez que lo haces, es el resultado de una mala lubricación o de la presencia de tensión durante la actividad sexual. Lo más bonito es que con autoexploración y con la ayuda de un espejo puedes abrir los labios de la vulva y conocer la corona vaginal y sus diversas formas. 

Artículo de interés: El sexo durante la menstruación

El sexo durante la menstruación

  En un mundo donde las mujeres deben aprender a llevar la batuta de su sexualidad, la pregunta es: ¿por qué preservar un concepto tan arcaico y desligado de la realidad? Se hace urgente actualizarnos y educarnos. Es momento de empoderarnos y apropiarnos del cuerpo porque necesitamos tener las herramientas para administrar adecuadamente nuestro placer y deseo, libres del ridículo culto a la virginidad.

 

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