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Los sorbos de la memoria

Por Daniel Monsalve Bobadilla

En la antigua estación del ferrocarril ubicada en el parque Olaya Herrera funciona desde julio de 2019 el café El Vagón, un espacio paralelo de servicio y aprendizaje dónde las preparaciones de los alumnos ofrecen una nueva experiencia de sabor a los visitantes. Una apuesta turística en lo que antes fue un lugar abandonado y desolado.

Tomar café no es un acto aislado y frívolo. No se limita únicamente a la satisfacción de la necesidad de beber. En cualquier contexto es un acto (individual o acompañado) que tiene sus detalles y sus preferencias. Esta variedad no solo obedece a cuestiones de sabor, también tiene que ver con una estética a la forma de concebir al otro, del espacio arquitectónico, de qué tan cómodo es o no conversar. En otras palabras: tomar café es una manera de ver el mundo.

 ¿Y cómo se ve el mundo con una taza de café entre labios, mientras el tráfico incesante de la ciudad se hace transparente a través de los vidrios de un verde vagón? La respuesta a esta pregunta la ofrece a diario el café El Vagón, que hace parte del Centro Cultural, Turístico y Gastronómico Calle de la Fundación de Pereira del SENA Risaralda, ubicado en el Parque Olaya Herrera, zona central de la ciudad.  

Este espacio es el resultado de una búsqueda de reconstrucción y de formación que comenzó hace siete años. La antigua estación del ferrocarril se convirtió en una escuela de formación multipropósito, un vagón abandonado en un café y uno de los parques de la ciudad que más olvido había sufrido en el pasado suma un lugar de referencia turística. Un intento de reconquista entre el parque y el ciudadano, un romance que parecía quedar atrás pero que hoy en día insiste en renacer.

Es un lugar en el que se puede aprender barismo, cocina, música, arte y panadería, y que además de formar, es una máquina del tiempo incrustada en una ciudad que se debate entre el avance y la memoria, entre la modernidad y el pasado, evocando ese viejo medio de transporte al que se le dio la espalda. Allí, entre toda esta complejidad, los estudiantes de la estación y los visitantes se encuentran en la sencillez del café diario, acompañados por el viento, el brillante sol o las batucadas con material reciclado que construyeron los estudiantes de música.

El SENA Regional Risaralda (Servicio Nacional de Aprendizaje), supo colocar la academia y la práctica a solo dos pasos de distancia: “Es un lugar donde todo lo que los muchachos aprenden en función teórica como lectiva lo ejercen en un escenario real, para que al momento de iniciar su vida profesional cuenten con una verdadera experiencia de trabajo”, afirma Julián David Londoño, instructor de cocina del Centro Cultural.

El impacto positivo no ha sido solo desde un contexto educativo, los pereiranos han aceptado bien el café, lo visitan frecuentemente y lo disfrutan.

“Este café ha sido muy exitoso, a la gente le gusta porque esto es un lugar de antaño, de añoranzas, aquí viene la persona de edad y recuerda que desde aquí viajaba, que aquí compraba el tiquete para ir a otras ciudades. Y a los jóvenes también les gusta porque es un espacio diferente”, comenta Héctor Fabio Orozco, encargado de la parte técnica del área gastronómica; barista y una de las personas que ha acompañado el nacimiento del café.

Más allá del espacio, la historia o las sensaciones que evoque el lugar, El Vagón también ofrece un menú de calidad.

“Es variable, no podría decir que hay un solo menú específico por día pues lo que los alumnos aprenden en clase es lo que vienen a poner en práctica”, explica Héctor Fabio Orozco. Sin embargo, existe un proyecto específico que tiene lugar en el restaurante del Centro Cultural y es recuperar la memoria gastronómica de la región, platos de la tradición indígena o afrocolombiana.

La iniciativa cuenta con aproximadamente 30 estudiantes que rotan constantemente a medida que cumplen su ciclo de trabajo o de práctica. El concepto de empleado no existe y la preparación tanto de café como de comida puede ser observada por el cliente.

La cuestión aquí no es solo de consumo, también es de conciencia. Una de las frases más repetidas en nuestro país es “Colombia tiene el mejor café del mundo”, pero: ¿cuál es su verdadero significado? Héctor Orozco explica que la virtud del café colombiano se da en el cerezo, que es de color rojo, mientras que en los demás países son rojos y verdes, razón por la que el café colombiano posee la cualidad de ser el más suave de todos los que se conocen.

Darle prioridad a lo nacional y a lo risaraldense es también uno de los mayores objetivos, se espera que con el paso del tiempo se realice la creación de un café risaraldense desarrollado por baristas del SENA.

El Vagón es un sitio que debe visitarse por el simple hecho de lo poco predecible que es la experiencia, pues varía según la persona. Algunos irán por la memoria, otros por la calidad del café, alguien más por el diseño arquitectónico, sea como sea, esa experiencia de tomar café no tiene una descripción global que abarque su significado.

Es tan individual y única como subir a un tren y emprender un viaje a cualquier parte.

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