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¿Para dónde vamos?

Autor: Marcello Correa Lesmes

Parece que la fiesta y la parranda campesina típica del pueblo ayudó a resistir parte de su pasado violento. Una paz extraña se goza ahora. Entre muchas otras cosas al mistratense le gusta hablar de la belleza del campo, de la bendición de tener más de dos fuentes hídricas y de lo gratificante que es sentarse a conversar en el parque mientras sorbe tinto. Testimonio de uno de sus habitantes. 

A dos horas de Pereira, oculto en plena cordillera occidental se encuentra un tesoro de 570 kilómetros cuadrados. A voz de los indígenas fue bautizado como ‘Río de muchas loras’, pero los demás lo conocemos como Mistrató.

Este municipio fue fundado en 1925, se adorna entre cafetales y cultivos de aguacate. La gente asiste los fines de semana al parque central donde se encuentra la iglesia San José, allí venden y compran lo que se produce en los dos corregimientos y las 27 veredas que hacen parte de esta ‘Patria chica’ — como le llaman en su himno—

 – Acá venimos y vendemos la ropita, los gorros (…) se vende mucho el fin de semana, toca aprovechar.  

Foto: Marcello Correa Lesmes

 Afirma un don que vende en el parque. En aquel lugar se concentran más de 10 carpas que cada fin de semana ofrecen productos campesinos y uno que otro cachivache. 

Una paz extraña se goza en el pueblo. Unos compran, otros toman cerveza, otros suben a los camperos para volver a las veredas con la remesa de la semana. Una paz que como dicen:

 — No se veía antes, acá los paras estaban muy fuerte y antes de esos, la guerrilla.

Parece que la fiesta y la parranda campesina típica de Mistrató ayudó a resistir parte de su pasado violento. El mistratense habla de su campo, de lo bello que puede ser su pueblo, de la bendición de tener más de dos fuentes hídricas. Sin embargo, cerca de la iglesia a viva voz un hombre dice:

 — Como no sabemos para donde vamos, tampoco vamos perdidos.

Él menciona lo que los demás dijeron, pero parece además que le preocupa el futuro. Don Alirio, es enemigo de las fotos, pero amante a las buenas charlas con café. Cuenta que en los años cincuenta la violencia lo marcó de niño, pero que ‘las Farc’ lastimaron mucho más el pueblo.

—Aquí sí corrió sangre, violencia ahora poco, solo cuando estuvo la guerrilla.

Recuerda como en 2003 asesinaron a cuatro soldados en una vereda y que aquel suceso los dejó en pánico total. El Tiempo informó el 17 de febrero de ese año que: cuatro soldados y un guerrillero murieron en enfrentamientos entre tropas de los batallones San Mateo, de Pereira, y Quimbaya, de Quindío, contra subversivos del frente Aurelio Rodríguez, de las Farc, en zona rural de Mistrató (Risaralda)”. 

—Aquí ahora es muy tranquilo, le prometo que aquí nadie le dice nada, acá violencia brava ya no.

Aquel lugar donde sucedió el hecho violento es una montaña tan cercana al centro del pueblo que ningún visitante pensaría posible lo que pasó. 

Nos paramos de las bancas del parque y recorrimos un poco más el pueblo. 

Don Alirio tiene 72 años, durante su juventud “viajó sabroso” y cuando regresó a Mistrató conoció como algunos de sus conocidos fueron desplazados a causa del conflicto.  

—Jovencitos por acá no vuelvan, que esto se complicó, decían. Y si no se iban los mataban.

En el pueblo conoció a la mujer de sus hijos, ahora goza de la compañía de sus nietos y de la ayuda que le brinda uno de sus hijos. Él cree que el futuro y la situación del país es compleja, sabe que no hay una violencia tan marcada como en décadas pasadas, pero no confía en el establecimiento de la paz. 

—Violencia tremenda ya no hay, pero esto no va pa’ nada bueno, ojalá que no suceda nada malo.

Cuesta arriba en un barrio que parece ser el único que no está pavimentado me enseña la historia del pueblo, me cuenta como sus abuelos fueron parte de las primeras familias en llegar a estas tierras, la relación de la gente con las comunidades indígenas, del amor por su pueblo y de las casas donde vivió de niño. 

Don Alirio conoce a su pueblo cual guía turístico, en cada calle guarda una historia y en cada esquina saluda a un amigo. Me cuenta de sus años arreglando mesas de billar y de cómo unos guerrilleros le apuntaron con una pistola mientras le preguntaban por ese oficio. 

— Escabroso y maluco. 

Hablando en plata blanca — como dice él— espera que a sus nietos les toque un país: 

 — Más tolerante, con mayor oportunidad en el campo y en la educación. Aunque no hay nada fijo.

Me repite:

 — Como no sabemos para donde vamos, tampoco vamos perdidos.

ESTE CONTENIDO HACE PARTE DE LOS RESULTADOS DEL LABORATORIO ITINERANTE DE MEMORIA DOCUMENTAL AV+C5 REALIZADO EN 2019 POR PLANC EN ALIANZA CON LA CORPORACIÓN AVC Y LA FUNDACIÓN CULTURA PARA EL DESARROLLO. TRES RUTAS POR EL PAISAJE CULTURAL CAFETERO QUE REUNIERON A 30 BECARIOS DE LA REGIÓN QUE RECIBIERON TALLERES DE FORMACIÓN EN CAMPO (FOTOGRAFÍA, VIDEO, PODCAST Y NARRATIVA), TÉCNICAS DE MAPEO Y MANEJO DE INFORMACIÓN. 

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