Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp

LA LUZ DE LA ESCENA

Por Juan Miguel Álvarez | Fotografías archivo de Teatro El Paso

Pereira ya tienen Festival Internacional de Teatro, César Castaño es su gestor y este 15 de septiembre se subirá el telón de la segunda edición.  “Un paso a la escena”, nombre del festival, se desarrollará en la sede propia de Teatro El Paso inaugurada en el barrio Maraya hace poco más de un año. Grupos internacionales y nacionales de primer nivel llegarán para compartir sus creaciones con los asistentes. Este es un perfil escrito para la edición 28 de Ciudad Cultural en el año 2015.

R22, puesta en escena que habla sobre el medio ambiente, una apuesta pedagógica llevada a cabo en la Plaza Bolívar de Pereira.

“Mi dramaturgia solo es posible desde la inconformidad. En mi silla de director hay veinte alfileres que me tallan todo el día”, dice César Castaño, nariz ancha, lentes chatos, tórax de boxeador, cuello invisible.

Estamos en la sede de la compañía de teatro El Paso, en el centro de Pereira. Es un cuarto piso tipo loft, dividido en espacios: un rincón para elaborar máscaras y muñecos, otro para ensayar y montar escenas, uno más para acomodar luces, escenografía y vestuario, otro para la oficina. “Tengo metas muy altas —añade— y por fortuna un ego muy alto que me permite creer absolutamente en lo que hago”.

Han transcurrido dos noches desde la más reciente función de Ricardo III, en el teatro Santiago Londoño, principal tribuna para el arte dramático pereirano. Si bien no llenó la sala, los asistentes que ocuparon la mitad de la silletería aplaudieron con vigor al cierre de la función. Aquel aplauso —fue notorio— nació de la admiración honesta hacia Castaño y sus actores. En el fondo, cada uno de los que asistimos nos vimos reflejados de algún modo en los personajes que acabábamos de ver o reconocimos al país y sus payasos que nos tocaron en suerte.

Obra Ricardo III, en la esquina derecha César Castaño.

Ricardo III es uno de los clásicos de Shakespeare dedicados al ejercicio del poder. Hay conspiraciones, caracteres siniestros, crímenes de familia, un trono en sucesión y un reino. Castaño adaptó estos elementos a la realidad colombiana, los revistió de sarcasmos, actualizó el canibalismo por el poder y lo presentó con humor negro. “¡Así se gobierna, hijueputa…!”, exclamaba Ricardo III, ebrio, con acento paisa enjundioso y haciendo tiros al aire. “¡Así se gobierna, hijueputa…!”.

Desde su estreno y en la mayoría de sus funciones, Ricardo III llenó las graderías en las que se presentó. Abrió festivales y recibió plácemes de la crítica. “Falsedad. Hipocresía. Cinismo. Comedia. Todo aquello que adereza y que, en su mejor versión, permite tanto vinagre como dulce, tanta hiel como miel, a lo que en el escenario se dibuja con blancas pinceladas”, dijeron. “Teatro El Paso alimenta la esperanza del renacer de una dramaturgia propia en el Eje Cafetero, instalada en los lenguajes de la escena de hoy: fragmentada, disruptiva, irreverente, con una conciencia crítica del entorno, y una exploración en las realidades y los imaginarios de los tiempos que corren”.

Obra Ricardo III.

Nacido en Manizales hace 38 años, César Castaño llegó a Pereira antes de la adolescencia. Vivió en barrios pobres con graves fracturas sociales. “En la puerta de mi casa los jíbaros vendían basuco. Cada nada mataban a alguien a puñaladas o a balazos”. Salía a estudiar con su morral y esquivaba las espaldas de los bandidos. Su papá tenía un taller de mecánica de carros y su mamá ganaba algún dinero como mesera de tabernas. Una tarde de desocupe se encontró con jóvenes integrantes de la Corporación Déjalo Ser, que habían llegado al barrio a incentivar el apego por el arte y la política. “Leían poesía, hablaban de la revolución, de las juventudes comunistas. Y eso a mí me pareció muy bacano”.

Castaño sintió que su vida podía escurrirse por ese camino: se involucró en procesos sociales, se volvió líder juvenil, conoció el centro de Pereira, los bares en los que se reunían jóvenes con intereses afines y entendió que estudiar en la universidad era posible. Al tiempo, hizo parte de un grupo de música andina, de otro de canción social latinoamericana y dejó de trabajar en el taller de su papá. “Yo odiaba ese trabajo y eso me costó que mis papás me echaran de la casa. Para ellos en esa época si yo no llevaba plata a la casa no servía”.

La obra de mayor reconocimiento de la compañía, con dramaturgia, dirección y actuación de César Castaño. Desde su estreno y en la mayoría de sus funciones, llenó las graderías en las que se presentó. Ha hecho parte de festivales de México, Argentina y Colombia y ha recibido plácemes de la crítica. En abril estuvo invitada a una mini gira por Bolivia y China.

Castaño intuía que en la música no iba a ser muy bueno, carecía de habilidad para ejecutar instrumentos de cuerda y comenzó a chocar con el resto de músicos porque solo tocaban versiones exitosas de otros artistas pero no se decidían a componer música propia. Castaño quería darle forma a sus propias intuiciones. “Yo quería ser bueno en algo y sabía que en la música no lo iba a ser tanto”.

Por esos días el grupo escuela de teatro del Instituto de Cultura abrió inscripciones. Castaño ingresó y sumó el estudio de teatro a la licenciatura en Etnoeducación que venía cursando. Se proveía su manutención trabajando en proyectos sociales y más tarde dirigiendo un grupo de teatro en un colegio. Era 2002 y tenía 22 años.

Con aquel grupo Castaño se ganó varios premios en un intercolegiado de teatro, incluido el de mejor director. Ese mismo año el grupo escuela del Instituto de Cultura estrenó su ópera prima, Sueño de una noche de verano. Como actor, Castaño recibió muy buenos comentarios y un grupo de teatro más curtido llamado Los Idiotas lo invitó a unirse. Con ellos, Castaño participó en una muestra alterna al festival principal de Manizales y allí entendió que el teatro se podía hacer a otro nivel: “Vi obras de Fabio Rubiano, de Malayerba, de Hora 25 y eso a mí me cambió la vida. Me dije: ‘el teatro es mucho más de lo que estoy creyendo’”.

V Encuentro de lecturas dramáticas en el año 2014.

Hasta ese momento Castaño veía el teatro como una práctica paralela o secundaria, en la que el grupo podía presentarse una vez al año y mejor si generaba dinero. En Manizales entendió que lo que quería era vivir del teatro, asumirlo como su profesión, como una práctica artística que exigía todo su tiempo. “En el fondo yo creía que debería poder vivir del teatro”.

Dejó el grupo escuela del Instituto, dejó la licenciatura en quinto semestre y aceptó la invitación de Hora 25, en Medellín. Pero regresó al poco tiempo: Hora 25 no le pagaba a los actores y él ya se había acostumbrado a tener en su bolsillo para gastos básicos.

Los días en Medellín le enseñaron que había que tener una sede y organizar una estructura administrativa, que el teatro era posible pensarlo en millones de pesos; nada comparable a coser las cortinas de la casa para el vestuario. Soñaba con irse a trabajar a Europa y obtener un cupo en el Odín teatro de Dinamarca.

Obra Lámina y Pintura.

Fue recibido de nuevo en Los Idiotas y fue invitado a crear un grupo de teatro en la Universidad Tecnológica de Pereira. En esa época la obra La Naira, del grupo La Candelaria, lo afectó de la misma forma en que lo había motivado Fabio Rubiano y Malayerba. Renunció a Los Idiotas y buscó camino propio. “Los Idiotas era un grupo con mucho talento, pero tampoco era lo que yo quería”.

Castaño y su grupo de actores han creado obras políticas y de humor negro, infantiles con algo de humor blanco, reflexivas y conceptuales, abiertas y concretas. Él ha creado también monólogos. Todas están atravesadas por los conflictos sociales que marcaron su infancia y adolescencia.

Con el grupo de la Tecnológica duró un año montando la obra El Kin Kon Palace, y antes del estreno le dijeron que no lo podían contratar más porque no tenía un título profesional. “Ya tenía la obra lista. Entonces me dijeron: ‘Le compramos la primer función y luego usted verá. Hable con los actores’”. Eran diez estudiantes. Castaño les explicó la situación y los invitó a que armaran un “parche” por fuera de la universidad. Aceptaron. Así nació El Malpaso. “Era un nombre que respondía a ese deseo de los papás que quieren que los hijos sean médicos, arquitectos, pero no hacedores de teatro”, me explica.

 

Obra Ricardo III.

Hasta ese momento Castaño veía el teatro como una práctica paralela o secundaria, en la que el grupo podía presentarse una vez al año y mejor si generaba dinero. En Manizales entendió que lo que quería era vivir del teatro, asumirlo como su profesión, como una práctica artística que exigía todo su tiempo. “En el fondo yo creía que debería poder vivir del teatro”.

Dejó el grupo escuela del Instituto, dejó la licenciatura en quinto semestre y aceptó la invitación de Hora 25, en Medellín. Pero regresó al poco tiempo: Hora 25 no le pagaba a los actores y él ya se había acostumbrado a tener en su bolsillo para gastos básicos.

Los días en Medellín le enseñaron que había que tener una sede y organizar una estructura administrativa, que el teatro era posible pensarlo en millones de pesos; nada comparable a coser las cortinas de la casa para el vestuario. Soñaba con irse a trabajar a Europa y obtener un cupo en el Odín teatro de Dinamarca.

V Encuentro de lecturas dramáticas año 2014.

Desde entonces, Castaño y su grupo de actores han creado obras políticas y de humor negro, infantiles con algo de humor blanco, reflexivas y conceptuales, abiertas y concretas. Él ha creado también monólogos. Todas están atravesadas por los conflictos sociales que marcaron la infancia y la adolescencia de Castaño. El uso y abuso del poder. En sus primeras obras, como El Kin Kon Palace, Castaño estaba dispuesto a desafiar a Stanislavsky y burlarse de Shakespeare: “Quería hacer un tipo de teatro que no se hubiera visto en Pereira y que mis obras fueran a los festivales más importantes del mundo”. En las más recientes como Cada vez más tarde y Boss cara de toro la dramaturgia ha tratado de mostrar los desajustes urbanos, la inequidad y la exclusión, algo que Castaño ha estudiado durante sus proyectos como trabajador social.

Así llegó el cambio de nombre: de El Malpaso pasó a llamarse El Paso. Y de ser un grupo mutó a compañía. “La diferencia es que yo pago servicios para los montajes”. Y asume la totalidad de los gastos de producción.

A finales de 2011 César Castaño recibió el espaldarazo definitivo hasta este momento: conoció a Luz Stella Gil, una mujer con amplia experiencia en la gestión y administración del espectáculo teatral en Colombia. “Ella me ayudó a pensar en grande y a planear en grande. Y me facilitó el acceso a los niveles más altos de gestión cultural en el país”. En la actualidad, la compañía de teatro El Paso planea una gira por algunos países de América Latina y otros del lejano oriente. Gil también le facilitó el diálogo con varios de los más virtuosos dramaturgos colombianos, como Arístides Vargas y Eugenio Barba. “Ella me volteó la vida. Me cambió el casete”.

Obra Boss cara de Toro protagonizada por César Castaño.

La propuesta más vanguardista de Castaño integra muñecos que cobran vida como personajes y que conversan en escena con personajes interpretados por actores, más una música en vivo que hila la intensidad durante las escenas ejecutada por los mismos actores, más una interlocución inesperada de los actores con el público en pleno acto. La luz, milimétricamente dispuesta en cada escena, es pensada y ensayada con obsesión. “La luz es casi lo más importante en la puesta en escena”, asegura.

Hoy al mirar el pasado recuerda la época en que se repetía que él tenía que poder mantenerse del teatro. Reflexiona. “Desde el 2011 logro vivir de mi oficio, de los proyectos sociales alrededor del teatro, de las giras, de los festivales, de las taquillas, de las becas y premios”, dice con el tono satisfactorio de haberlo conseguido.

El trabajo de César Castaño y su compañía ha sido reconocido en varias ocasiones por el Instituto Municipal de Cultura y Fomento al Turismo. Dos de sus obras han sido ganadoras de la Convocatoria Municipal de Estímulos. En 2013 la obra Cada vez más tarde se presentó en el Teatro Santiago Londoño como parte de la celebración de los 150 años de Pereira y en 2014 el monólogo Boss cara de toro comenzó su recorrido por diferentes espacios de la ciudad.

Como parte también de dicha celebración, El Teatro el Paso es contratado para realizar el montaje escénico que hizo parte del Video Mapping “Estación Memoria”, en mayo, sobre la Estación del Ferrocarril en el Parque Olaya Herrera. Pereira rendía homenaje a los 50 años del monumento Bolívar Desnudo y daba apertura a la conmemoración del sesquicentenario de su fundación.

 

Visitas de hoy:

2

Visitas de ayer:

1

¿Tienes preguntas?

¿Tienes alguna pregunta? ¿Alguna idea para mejorar? ¿Te interesa hacer parte de CIUDAD CULTURAL?
¡Comunícate con nosotros, y hagámoslo real!

CIUDAD CULTURAL

Avenida Circunvalar Nº 15-04.
Enseguida de la iglesia San José,
frente al Hotel Movich.
Teléfono: 3193533147

¡Contáctanos!