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Naturaleza de la irrupción, el lado B de La Cristalina

Por Sandra Johana Silva | Archivo particular

Fredy Clavijo Cuartas es uno de los artistas visuales de mayor proyección hoy en día en Pereira. Perteneciente a la llamada Generación del giro. El 2019 va muy bien para su obra. Fue ganador de la 8 convocatoria Estímulos Municipal y el pasado 12 de agosto fue elegido unánimemente para la próxima residencia artística a celebrarse en La Habana Cuba como parte del intercambio entre FLORA ars+natura y Artista X Artista con apoyo de la Perez Family Foundation.

¿Quién es Fredy Clavijo y cómo ha sido su trasegar por el mundo de las artes en el contexto local y nacional?

Soy Licenciado en Artes de la Universidad Tecnológica de Pereira, me gradué en el año 2003. Cuando egresé de la universidad salí con un énfasis como pintor, cosa que fue muy chévere pero que, posteriormente cuando comencé a viajar a Bogotá, me fui dando cuenta que era como anacrónico no porque fuera pintor sino por el desarrollo de la imagen que estaba elaborando, un desarrollo de la imagen que había heredado de los docentes que me tocaron en el momento que era, digamos, de orden político pero con un tinte panfletario. Después en el 2005 hago como un alto y decido que la única forma de aprender a hacer lo que me interesaba era “haciéndolo”. Creo que solamente desde la práctica podía sospechar a qué me estaba dirigiendo y entonces decidí detenerme en la pintura y empezar a investigar en otros medios u otros lenguajes que fueron pues la performance, el video, la instalación y un poco de fotografía. Yo creo ahora mucho en un asunto de convergencia, donde los medios pueden ser atravesados. Hacia el 2007 y 2008 me inquietaron los problemas alusivos a la migración o lo que llaman “movilidad contemporánea”: las leyes de migración, los muros, la idea de identidad patria. Investigando sobre eso me fui dando cuenta —como una cosa paradójica—que era el turista una imagen muy contemporánea: a la vez que se abrían las fronteras para el turista, se cerraban para aquellas personas que no tenían el poder adquisitivo para transitar por el mundo. Es a partir de esto que comienzo a hacer una comparación desde lo local de cómo sería ser turista sin recursos a través de la figura del “paseo”. El paseo es la forma de aproximarnos desde lo local a fenómenos de orden global. Mi interés entonces era cómo poder hacer de nuestros fenómenos —de lo que pasa desde la región— un asunto que puede dialogar con lo global, pensando que no estamos parados solo en un territorio de orden geográfico sino también en un territorio de orden conceptual, que el lugar por el cual estamos transitando es la estética.

¿De qué se trata la obra con la que está participando en el 44 SNA y cómo relaciona el concepto de paisaje?

El proyecto con el que estoy en el Salón Nacional se llama “La naturaleza de la irrupción”. Esta obra parte de dos pilares: un pilar formal que es, digamos, de orden técnico que se pregunta qué es la escultura hoy; y otro pilar que podría denominarlo “sociológico” que atiende una lectura de orden contextual. Arrancando desde lo formal hay una pregunta por cómo hacer de la escultura hoy —más que un problema volumétrico— un dispositivo de relación. En la historia de la escultura en el espacio público han habido tres categorías muy básicas que son señalar, conmemorar y embellecer. Queriendo sobrepasar estas tres categorías propongo una escultura que se dispone en el espacio como pública, pero no necesariamente resguardada por el marco institucional del arte, y que no tiene unos elementos de fácil reconocer como obra de arte, en tanto no tiene pedestal ni ficha técnica. La otra pregunta por lo formal es cómo realizar una escultura móvil que se pueda desinflar y se pueda llevar a otro lado, que evoca la imagen del dummie, una forma con la cual poder hablar de una cierta banalización, o de una cierta mercantilización. Y hay una pregunta desde lo conceptual que se desencadena de una obra anterior que se llama “La cristalina”, que consistía en hacer un señalamiento de dos tipos: uno comportamental, de las actividades de ocio que desarrollan las personas los fines de semana en el sector de San José específicamente en el río La Cristalina, que consistía en intervenir una piedra enchapándola en mosaico y colocándole unas asas de piscina. Esto me permite poner en cuestión dos estratos sociales: el estrato de base que es lo que denominamos cultura popular y un estrato elevado al que se adhieren aquellos que pueden acceder a una piscina o a un club. Y el otro tiene que ver de nuevo por la pregunta sobre qué es la escultura en el espacio público. Esta escultura en particular fue rápidamente apropiada por la comunidad y en pocos días, las asas fueron robadas así como el mosaico despegado. Pero lo que me parece interesante de esta situación es entender qué pasa con la obra de arte cuando no se nombra como obra de arte, que fácilmente puede pasar por mobiliario urbano, por vandalismo o por basura. Es con esta obra con la que me invitan al Salón Nacional. Sin embargo, le expreso al grupo curatorial que es muy pertinente darle la cara B al proyecto y es así como surge “La naturaleza de la irrupción”, que consiste en llevar algo de lo popular —o de la cultura de base— al Club Campestre Pereira, que fue el que absorbió gran parte de los socios del Club Rialto. En ese sentido, la escultura se convierte en un dispositivo que conecta la cultura del río, porque el proyecto escultórico está desarrollado en neumático de llanta que se utiliza para dos actividades en el río La Cristalina: como flotadores para que las personas puedan lanzarse por el río y, para sacar y desplazar grandes pesos por la superficie de agua. Entonces se trata de llevar este elemento que evoca lo popular al Club Campestre y, posteriormente, al Club Rialto. Después viene otra gran inquietud que tiene que ver con cómo hacer del registro de una obra de arte, fuera del circuito del arte, un elemento o insumo que no sea documental, en el espacio de exhibición.

Con respecto al paisaje me fui dando cuenta que es más una construcción estética, mental del entorno. El entorno es por sí mismo, pero cuando se aproxima el ser humano y lo dota de características, de cualidades, o dialoga con este, ese entorno se convierte en paisaje. Entonces la razón de ser de este dispositivo escultórico es, por un lado, poner en cuestión la naturaleza de la escultura hoy en tanto es una escultura blanda, que se puede desinflar, transportar y poner en cualquier parte del paisaje. Y por el otro, un dispositivo para ser registrado, para ser fotografiado.

¿Cuál es el aporte del 44SNA a la ciudad de Pereira y qué representa para su trabajo?

Hay un trabajo que para mí es muy loable, muy valioso y reconocible por parte de Rosa Ángel que fue el gestar y desarrollar —con ayuda de un equipo— la posibilidad de que el Salón Nacional se diera en Pereira. Es importante para mí concebir el SNA desde tres ámbitos: el primero, como un espacio de encuentro donde las obras de uno pueden dialogar con las de artistas de otras regiones y países, estableciendo unas coordenadas donde se puede ver en qué nivel están los artistas de Pereira y qué se están preguntando con relación al paisaje por fuera del marco del costumbrismo y de los problemas de identidad. El segundo, como la oportunidad para darle visibilidad a unos artistas de Pereira; y el tercero, que al ser artista de Pereira me permite vivir unos acercamientos contextuales, que desarrollan cierta propiedad.

Veo unas cosas a futuro con el SNA algo complejas que tienen que ver con las cosas que se generaron como la producción, la museografía y la medicación que no sé si se puedan soportar en el tiempo, porque tal vez no existen esos espacios o dependen de determinadas personas para darles continuidad. No sé que va a pasar porque para mí es muy amplío el término Salón Nacional: puede ser un edificio que se adecuó para presentar unas obras; o es también un dispositivo de reflexión para dialogar si es pertinente o no un Salón Nacional aún, para dialogar si las obras de arte como las objetuales de orden casi de galería o feria corresponden a un Salón Nacional, para preguntarse qué pasa con las figuras internacionales que hay dentro del SNA. Después de esto creo que vamos a regresar al letargo habitual. Tal vez se va a convertir en un lugar para la memoria como punto referencial. Un poco desesperanzador mi punto de vista porque creo que el SNA se da fuera del músculo económico del mercado del arte. Los artistas de Pereira a diferencia de los artistas de otras partes del país, específicamente Bogotá, funcionamos con otras dinámicas donde creamos por unos problemas de orden estético. Digamos que no creamos por unos problemas de orden comercial porque no existe un circuito y una infraestructura que soporte o ponga a transitar esto como mercancía. Si bien hacemos un amoblamiento cultural, no hacemos una objetualización comercial.

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