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Francisco Agudelo: un coleccionista ejemplar

AUTOR: Ricardo Montoya// Vinilocos

En esta segunda entrega de Vinilocos, a cargo del investigador y melómano Ricardo Montoya, llegamos a la colección de Francisco Agudelo, un hombre que se ha obsesionado por el buen sonido de la música, las rarezas más antiguas en vinilo  y una especial fijación por el formato de 78. Esta es su historia.

Hace unos 50 años empezó a comprar discos, especialmente las baladas que estaban de moda en los 60. En la década del 80 “se pone juicioso” y decide ser coleccionista; empieza a clasificar su música y compra equipos adecuados para escucharla de la mejor manera posible. 

Actualmente tiene unos 2.000 elepés y cerca de 1.500 discos de 78 y 45 revoluciones por minuto; además de numerosos casetes. Tres tocadiscos, tres caseteras y dos amplificadores permiten a sus frecuentes invitados disfrutar de la música con un excelente sonido. En ese aspecto, el sonido, es muy cuidadoso como melómano de buen gusto.

La música de su predilección la ha denominado como “romántica vieja”, pues considera que popular no siempre es adecuado ya que muchas de las canciones que escucha no son populares, no se oyen en la radio, casi nadie las conoce, y para disfrutarlas hay que acudir a las colecciones o a las tertulias de amigos con similar gusto musical. 

Foto: Jess Ar | Sufre cuando oye el ruido de un rayón generado por la aguja sobre el disco. Corre inmediatamente a limpiarlo, tiene hasta su propio ritual de limpieza y mantenimiento de sus tesoros de pasta.

Francisco es un hombre culto que tiene sangre y crianza en el ambiente cultural, hay músicos y escritores entre su familia. Su padre fue profesor y director de emisoras de radio, lo que en algún momento de su vida lo acercó a la realización de algunos espacios radiales de música. Hace poesía seria y también de tono picaresco. Escribe relatos que pueden reunirse como cuentos o quizá armar una novela. Además, canta con buena técnica.

Dice no ser hábil en recordar fechas o datos biográficos de los artistas que le gustan, ni tener la capacidad de identificar voces salvo en algunos casos muy puntuales. Pero sí se considera capacitado para complacer en gustos musicales a los amigos e invitados frecuentes a su casa, esos que han tenido la fortuna de conocer y disfrutar de su vasta discoteca. También es capaz de seleccionar la música adecuada para cada ocasión: humor, serenata de amor, despedida, bienvenidas. Con igual precisión receta canciones de música estilizada que se sabe de memoria, para aliviar dolores del alma, stress o angustias. Y acierta.  

Posee un rasgo común de los coleccionistas: es cuidadoso con sus discos y los trata con mucha cautela, exagerada para muchos. Los guarda en sus respectivos empaques individuales y embalajes para llevarlos a los encuentros y tertulias de coleccionistas.  Sufre cuando oye el ruido de un rayón generado por la aguja sobre el disco, corre inmediatamente a limpiarlo, tiene hasta su propio ritual de limpieza y mantenimiento de sus tesoros de pasta. 

Disco de Enrico Caruso de 1908. Uno de los pioneros de la música grabada
Colección Historia sonora del tango, escrita y contada por Horacio Arturo Ferrer. Algunas de sus páginas son discos elaborados en plástico.
Disco de cartón por un solo lado, 78 rpm. Hecho en New York en 1930
Discos publicitarios en Colombia, años 70.
Disco de dos canciones (una por cada lado) de 78 rpm, 1930.

 Foto: Jess Ar | Entre su colección se encuentran discos de principios del siglo XX, de cartón, plástico, publicitarios, entre muchas otras rarezas buscadas por coleccionistas de todo el mundo.

En esta cofradía se respeta el hecho de no tocar los discos de otro, y mucho menos, tomar un ejemplar de la estantería del anfitrión sin su autorización. A propósito de esta costumbre, cuenta Francisco que alguna vez estaba de visita donde un sacerdote amigo y se acercó a mirar sus libros y discos; en determinado momento vio un papelito con una leyenda, se acercó más y leyó: “Dios mío, ¿qué haré para no meterme en lo que no me importa?”. Entendió el mensaje, y cuenta la anécdota a sus invitados cuando los sorprende haciendo lo mismo. 

En las tertulias de coleccionistas se le ha despertado el interés por aprender más de música, en el sentido de ponerle cuidado y apreciar lo que cantan algunos intérpretes que no han sido de su agrado, pero en los que, por recomendación de otros contertulios, descubre maravillas que siempre han estado ahí y no les había puesto cuidado. 

Paco se siente orgulloso de haber inducido a otras personas, afines en su afición, a asistir a los encuentros de coleccionistas y melómanos en Envigado, Bucaramanga y otras ciudades de Colombia, así como a visitar el Museo del disco y la música en Filandia, Quindío,  porque siempre recibe el agradecimiento y los buenos comentarios de quienes siguieron su consejo. 

Artículo de interés: El canciller de los coleccionistas de vinilos

Se inició como aprendiz de coleccionista con José Domingo Valencia, a quien le solicitó que lo dejara ir a su casa a escuchar discos para que le enseñara sobre música e intérpretes. Además le aprendió los rituales propios de una sesión de “poner y quitar discos”, algo que siempre practica meticulosamente cuando hace las tertulias en su casa.

En 1.984 visitó Montevideo donde se hizo amigo de los más connotados coleccionistas y conocedores de tango en Uruguay. Ellos lo llevaron a Buenos Aires y le mostraron todo el ambiente tanguero. Le grabaron muchos casetes con ritmos argentinos que después  trajo a Pereira. Nadie por acá conocía o tenía esa música, lo buscaron insistentemente con el interés de copiarla para hacer discos en vinilo piratas. Hasta hoy sigue teniendo relación con sus amigos uruguayos, quienes le envían discos o se los consiguen para que Francisco los recoja cada vez que viaja al sur. 

Foto: Archivo particular | Lo primero que hace cuando visita otro país, e inmediatamente después de bajarse del avión, es buscar esos viejos y remotos lugares donde comprar discos.  Siempre hay uno que lo espera. 

Su última visita fue en 2.018. Viajó a Buenos Aires y a Montevideo con su hija y unos amigos. Como ella y uno de los compañeros de viaje no son coleccionistas, los utilizó como “mulas” para traer parte de su cargamento de joyas de acetato.  

En 2018 Ricardo Montoya fue ganador de la convocatoria municipal de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Pereira con el trabajo Acetatos y vinilos: colecciones para la historia. Muchas de esas historias de vendedores, coleccionistas y lugares donde este formato musical es el protagonista hacen parte de nuestra sección Vinilocos.

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Un pensamiento sobre “Francisco Agudelo: un coleccionista ejemplar”

  1. Teresa Hurtado

    Author

    julio 13, 2020

    Felicitaciones querido amigo

    Responder

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