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Sobre el cine documental

Por Martha Estefany Escobar

En nuestra región es casi nulo. Muchos de los programas documentales que se ven en  televisión son en realidad cine documental, en primer lugar, debido a su formato, y, en segundo lugar, por la profundidad del tema. ¿Por qué sería entonces positivo y práctico realizarlo?

El cine documental se caracteriza porque busca retratar, a través de diferentes técnicas narrativas, distintas situaciones y personajes: actores sociales, políticos, económicos o cualquier otro que el autor desee presentar. En ocasiones, un documental puede ser aclamado por la crítica social, pues el espectador puede interpretarlo de acuerdo a sus convicciones dando cabida a debates internos de tipo ético y moral.

En este orden de ideas, y por este motivo, el documental no debe prestarse para propaganda política como se llegó a hacer en la Alemania nazi beneficiando la visión militar de Adolf Hitler, su máximo dirigente, quien expuso falsos documentales. Tampoco debe atender necesidades publicitarias de mercadeo, al contrario, debe preocuparse por el desarrollo humano y todo lo que le atañe.

De un modo sensible implica investigar, indagar, pensar más allá de lo que se cree. Significa cuestionar, en lo posible, de manera objetiva, o al menos “aparentemente objetiva”, de acuerdo con Michael Rabiger, documentalista experto. Sin embargo, esto no significa que pueda ser inapetente, al contrario, basta con que sea un tema simple que sume una información veraz contada de manera clara y dinámica, y de esa manera se atrapa al público.

Parte de la riqueza de un documental está en la naturalidad y espontaneidad de  sus actores y confiamos en esa realidad, debido a que se basa, principalmente, en la evidencia de los hechos o hallazgos, sumándose al tratamiento que desee reflejar el autor en la pantalla. Esta última parte es importante, ya que un documentalista, además de pensar en lo anterior, también debe ser cuidadoso con las declaraciones de sus personajes, si bien, un documental puede ser una denuncia de algo, también puede convertirse en un producto demandable, para evitarlo se requiere más de una fuente para corroborar la información.

En Colombia hemos conocido varios documentales que han despertado el interés del público, sobre todo en los últimos años. Por ejemplo: El sendero de la anaconda (2019) de Alessandro Angulo, una película que muestra la travesía de dos exploradores por el río Apaporis; Amazona (2017) que da una visión de su directora Clare Weiskopf acerca del estilo de vida de su madre a lo largo de varios años; y, por último, Colombia magia salvaje (2015) en donde se abre al público, con la mayor limpieza técnica que exige la cinematografía, el paraíso colombiano. Por nombrar unos pocos que han generado alto impacto.

Por fortuna, el país cuenta con múltiples convocatorias para poder desarrollar proyectos, en donde por supuesto, los mejores participantes son premiados para que puedan realizarlos. Cada vez son más los interesados en participar en esta categoría. Realizar documental debe ser una tarea de juicio, responsable, de compromiso con la veracidad de la información, y con una estructura adecuada, con ritmo en el contenido para que logre un sello cinematográfico.

Todo lo anterior en términos generales como preámbulo para llegar al caso particular: el cine documental de nuestra región es casi nulo. Muchos de los programas documentales que se ven en televisión no son en realidad cine documental, en primer lugar, debido a su formato, y, en segundo lugar, por la profundidad del tema. Sucede que una productora o programadora independiente de televisión normalmente se acoge a las políticas del canal al que se adhiere. El documental en su versión cinematográfica, permite hacer una investigación libre sobre el tema.

El interrogante se abre para preguntarnos por qué sería positivo y práctico realizar cine documental en nuestra región. El ánimo de la propuesta radica en el aprovechamiento de las herramientas y la curiosidad por lo desconocido para empezar a hacer memoria colectiva y reconocimiento del entorno. Esta buena práctica por parte del realizador le permite al público disfrutar de lo asombroso.

El documental en última instancia, permite conocer nuestra historia y reconocer al otro, saber nuestros orígenes, contemplar el mundo de distintos modos, conocer una problemática, notar cambios con el transcurrir del tiempo. Enseña causas y consecuencias de sucesos bajo un hilo conductor que obliga a pensar. Implica un afanoso interés por lo conocido y lo desconocido que desemboca necesariamente en la reflexión.

El cine documental es más que entretenimiento, es una visión del mundo.

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