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Festival Triétnico: encuentro de saberes

Por Daniel Hincapié | Fotografías tomadas de Flickr Hive Mind

Esencialmente es un encuentro de negros, indígenas y mestizos que han sabido convivir y compartir experiencias dentro de un mismo territorio en la cordillera occidental. Uno de los habitantes del municipio nos cuenta cómo se creó el que puede ser a un futuro muy próximo un evento privilegiado dentro de la agenda cultural regional y nacional.

Quien haya visitado o al menos escuchado hablar de Pueblo Rico, Risaralda, posiblemente sabrá que es un territorio verde, de incalculable biodiversidad y que está habitado por una población heterogénea, conformada por tres comunidades distintas. 

En este municipio están presentes los indígenas Embera Katío y Embera Chamí, la comunidad negra ubicada en el corregimiento de Santa Cecilia y la comunidad mestiza eminentemente campesina. Aunque las tres tienen formas de ver el mundo, de degustarlo y de percibirlo de maneras muy diferentes, en la historia del lugar no se registran enfrentamientos producto de la intolerancia que pudieran llegar a suscitar los marcados rasgos distintivos dentro de la población. Lo que sí se ha detectado son búsquedas reales que conllevan a una retroalimentación entre los habitantes.

A finales de los años 90 algunos gestores culturales tuvieron, sin lugar a dudas, un buen tino al considerar que otra particularidad de Pueblo Rico era, además de su inmensa riqueza natural, la pluralidad cultural de sus pobladores. Fue así como concibieron la necesidad de exaltar ante la comunidad local y regional algunas actividades propias de sus habitantes.

Por iniciativa del entonces director de la Casa de la cultura, Diego Gómez Román, en compañía de la hoy bibliotecaria municipal, Adriana Emilsen Agudelo Rivera, se buscó resaltar la riqueza del municipio teniendo en cuenta la participación de la comunidad en el intercambio de saberes tradicionales. En este contexto se celebró, por primera vez, un evento donde las diferencias pudieron encontrarse en un escenario cultural y lo denominaron Primer Encuentro de Negros, Indígenas y Mestizos de Pueblo Rico.  

Para realizar esta primera intervención acudieron a aquellos jóvenes del municipio que estaban en procesos formativos de danza, teatro y artes plásticas; comprometieron a las cantadoras de Santa Cecilia, invitaron un Jaibaná Embera, echaron mano de la cestería y de las artesanías con chaquira de los Chamies, y con ese acervo de manifestaciones conmemoraron el día de la raza el 12 de octubre de 1998.

El evento tuvo tal repercusión dentro de la población pueblorriqueña que al siguiente año se arriesgaron a realizar la segunda versión del encuentro. Contaron con la participación de artistas invitados, por ejemplo, un grupo de danzas de la Universidad Tecnológica de Pereira y una agrupación del chocó. El asunto entonces prometía convertirse poco a poco en un evento cultural preponderante a nivel local y regional.

Muy pronto aparecieron los impedimentos, la falta de financiación fue el primero. No había presupuesto para realizar la intervención cultural, mucho menos para apoyar procesos de formación y menos aún para realizar programas de fortalecimiento al patrimonio cultural étnico.  Como si el panorama no pudiera tornarse más denso, a causa de las sacudidas políticas que suelen aparecer cada cuatro años en nuestro país, se ausentó el gestor de la idea, el director de la casa de la cultura, y el apenas larvario encuentro se borraba como un relámpago en la oscuridad.

Varios años después esta iniciativa propia de gestores culturales hizo presencia nuevamente en el paisaje municipal, pero sin el título inicial, esta vez dotada de un refinamiento nominal recibió el nombre de Festival Triétnico y fue ejecutada durante los años siguientes al margen de los principios básicos sobre la que fue pensada inicialmente. El gobierno del momento y los siguientes apoyaron la idea, pero generaron un desplazamiento negativo al emparentarla con “las fiestas populares”. El encuentro perdió su autoctonía y se condujo hacia una inevitable desnaturalización que se tradujo en un desafortunado ocultamiento del patrimonio cultural étnico del que goza el territorio.

Desde el año 2016 esta dificultad ha sido detectada y se han realizado acciones paulatinas desde la administración municipal y la gestión cultural. Se busca que el Festival Triétnico recupere su forma de ser, es decir, que sea un encuentro interétnico capaz de promover las distintas manifestaciones artísticas del municipio, así como de convocar artistas regionales y nacionales que puedan fortalecer la iniciativa. Se trata de enaltecer la territorialidad a partir de los aportes de cada etnia para estar en consonancia con una identidad que ayude a mantener vivo el patrimonio cultural inmaterial de Pueblo Rico.

Este pasado fin de semana (del 11 al 13 de octubre) el Festival Triétnico volvió a ocupar su lugar. Se desligó de “las fiestas populares” y abrió paso a los conversatorios, las exposiciones de pintura, las danzas, las muestras gastronómicas, los juegos tradicionales, las comparsas y las verbenas triétnicas. Los ritmos típicos de las comunidades Embera, campesina y afro fueron protagonistas. 

A partir de ahora el Festival Triétnico empezará a cobrar sus verdaderas dimensiones para ubicarse en un lugar privilegiado dentro de la agenda cultural regional y nacional. Pueblo Rico invita a un festival que esencialmente es un encuentro de negros, indígenas y mestizos que han sabido convivir y compartir experiencias dentro de un mismo territorio en la cordillera occidental.

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