Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp

La Biblioteca de las mil formas

Por Alejandro Patiño Sánchez | Fotografías Sebastián Becerra

Ciudad Cultural continuó su recorrido por espacios culturales retirados del centro de Pereira. Después de la parada en San Isidro, llegamos a Frailes Arte en Dosquebradas, un proceso liderado hace aproximadamente 10 años por Daniel Vergara, junto a compañeros de estudio, pares y vecinos del barrio. Esta es la historia.

Camino al barrio

Daniel Alejandro Vergara es un soñador de tiempo completo: creó en Frailes (Dosquebradas) una especie de casa de la cultura que ofrece múltiples actividades y opciones diferentes a los habitantes del barrio. Uno de tantos sueños – convertido en logro – que ha sacado adelante junto a amigos y vecinos, colaboradores que se le han unido en el camino.

Desde hacía un par de años quería conocer ese proyecto del que tanto hablaban en los circuitos de la cultura a los que frecuento regularmente en el centro de la ciudad. “Vaya a Frailes Arte”, “es increíble lo que pasa allá”, “esos muchachos son unos berracos”, pero el asunto finalmente quedaba convertido en rumores de pasillo en medio de una exposición o reducido a un diálogo escueto en medio de una taza de café. Nunca concretaba la visita. Solemos tener una visión demasiado céntrica cuando juzgamos, a criterio propio o ajeno, las maneras de consumir arte y cultura, no tenemos en cuenta procesos de barrio enganchados directamente en alguna comunidad que nos exige un desplazamiento mayor. Y debo admitir, mi visita finalmente se concretó como parte de la reportería requerida para este especial. Había visto muchas veces a Daniel en otros espacios como actor de teatro, como parte de aquellos que contribuían a la dinámica cultural de la ciudad. Esta vez iría al encuentro en su propio contexto, en su barrio, donde ha desarrollado uno de los proyectos culturales, independiente y alejado de los círculos convencionales, más importantes de la región.

La cita era en la tarde. Hacía frio. Abordé transporte desde el centro de Pereira, fácil. Llegar allá me reveló un lugar nuevo para mí, a pesar de las tantas veces que había escuchado a la gente referirse a él. Una especie de laberinto se explayaba ante mí desde el interior del bús. Y más si uno hace la ruta completa, al no conocer nada. Del centro de Pereira son unos 20 minutos que dan la sensación de horas cuando a través de la ventana, en medio de un movimiento de letargo, ve uno pasar los techos diversos de las casas, el cemento mezclado como pastiche con el bahareque, grandes extensiones de carretera a medio hacer, el perro que ladra, niños a medio vestir jugando en los andenes, esquinas atiborradas de trueques clandestinos. En fin, esa impresión de ni tan cerca ni tan lejos, ¿Dónde estoy?, cuando llegamos a destinos desconocidos.

Al encuentro con Daniel, en el punto exacto donde me había indicado esperar, nos estrechamos la mano y, quizás ante mi asombro, dice: “Son 14 barrios y 3 veredas. Frailes es un sector de la comuna 2 con más de 13 mil habitantes”. Caminamos algunas cuadras más hasta llegar a la sede de Frailes Arte, ubicada en uno de esos barrios, es decir, en una minúscula parte de ese gran todo. Entramos. A primera vista uno creería que no es gran cosa, una simple biblioteca que funciona como epicentro de las actividades – eso me había advertido cuando lo contacté para la entrevista –. Pero entre desordenes y objetos a medio poner, uno va cambiando la sensación inicial hasta descubrir un proyecto único y perseverante, donde él y sus amigos de aventura, ofrecen otras opciones de vida (cine, teatro, literatura, y un largo etcétera), dan cobijo a posibles artistas y gestores, hacen política y proponen cambios y dinámicas diferentes que rompen con la rutinaria existencia tan propia de estos lugares.

Son más de 10 años, él mismo no tiene la cuenta muy clara, de hacer y acerca la cultura a sus vecinos, a personas que por múltiples razones no tenían hasta ese momento ninguna posibilidad de presenciar una exposición, un concierto o una obra de teatro.

Una función interrumpida

Daniel es licenciado en Español y Literatura de la UTP, actor de Teatro El Paso y socio fundador –director general diría yo – del Colectivo Cultural Frailes Arte: Una opción diferente para ver. Y recalca: “proceso insurgente literario cultural”. Todo comenzó en una charla de esquina con amigos del barrio: la inquietud por llevar hasta sus calles y casas lo que pasaba en el centro de Pereira. La Cuadra de La Circunvalar, Corto Circuito, agrupaciones teatrales emergentes, El Cine Club Borges, entre otros, eran referentes de ese movimiento que ellos querían tener en las cuadras donde crecieron , jugaron pelota, tuvieron su primera novia y se escondieron de algún regaño. Para ellos, la ciudad estaba en Pereira, Dosquebradas era impensable en esos términos. “Éramos muchachos decepcionados de la realidad política y ya va en esto”, me dice. Pero para comprender “esto” es necesario conocer el cuento. Y el cuento se divide en dos.

Una de las tantas jornadas culturales que se realizan en la biblioteca comunitaria Andrés Caicedo.
Foto: Sebastián Becerra.

Érase una vez un grupo de seis muchachos que comenzaron a realizar en su barrio eventos culturales sin mayores pretensiones. Hicieron una especie de recolecta, uno de ellos puso 35 mil pesos. Fue el inicio. Convocaron a amigos para que llevaran sus trabajos, unos llegaron con pinturas, otros con cuentería. Y así, poco a poco, a modo de convite, tenían algo que ofrecer a la gente. Luego llegaría el programa Cine Móvil de Comfamiliar, “mi mamá con un canelazo” hasta realizar el primer evento como tal el 29 de marzo de 2006. “Pensamos en un evento modesto, pero se desbordó, se llenó la calle, la caseta del barrio Camilo Mejía”. Sin sede pero con muchas ganas, decidieron seguir con la travesía. Antes de eso, habían hecho ciclovías, encuentros informales y algo que llamaron Cultura y Convivencia al Parque “de la mano de los viejos comunistas del barrio De abajo”, esa fue, según Daniel, la primera escuela para ellos, decepcionados del “olvido estatal”, y donde la cultura y el arte se convertirían en la forma más inmediata de activismo y respuesta.

Érase una vez una comunidad que tenía la oportunidad, por lo menos cada 15 días, de tener un evento cultural entre sus calles. Películas, teatro, talleres, lecturas, danzas, actividades con los niños, muestras de pintura. El barrio ya se empezaba a conectar con todo ese universo, era en sí mismo un gran escenario: “por espacio nunca sufrimos, estaba el andén, la sala de una casa, las caseta, los patios de los colegios, el parque. Nos financiábamos con rifas, venta de empanadas y aportes de amigos. Llegamos a todos los barrios, atacando las problemáticas particulares de cada uno”.

EL BARRIO YA SE EMPEZABA A CONECTAR CON TODO ESE UNIVERSO, ERA EN SÍ MISMO UN GRAN ESCENARIO.

La cosa marchaba bien y crecía hasta que recibieron una amenaza en el 2008. Me cuenta Daniel que la cosa fue seria, “con revólver y todo”, quizás, por su conocida militancia con la izquierda y la relación directa que hacen precisamente con las actividades que estaban promoviendo de puerta en puerta. Se quedan quietos unos 10 meses. Reinician con un grupo juvenil del barrio Villa Mariel, donde se encuentra ubicada actualmente la sede. Pero al poco tiempo el grupo se desmorona, “andábamos como rueda suelta”, pero Daniel nuevamente toma la iniciativa e invita a conformar un grupo de lectura en un local abandonado que se usaba esporádicamente para reuniones comunitarias.

Si no puedes ir a la biblioteca, crea una

Y acá estamos sentados charlando en La Biblioteca Comunitaria Andrés Caicedo, en el primer piso de la casa que ha sido sede permanente hasta hoy. Un amplio salón tipo loft, desvencijado pero con una manifiesta belleza intencional. Al entrar queda la sensación que nada está puesto en su orden, la lógica de lo arrumado. Libros, polvo, más libros, cosas por ahí. Un paraíso, un caos. La biblioteca parece hecha con elementos de segundas oportunidades. Estanterías metálicas adheridas a la pared, otras de madera; recostadas sobre bancas. Sillas arrumadas. Libros y más libros. La sensación de temor, que al sacar uno se vengan todos al piso. Están sostenidos con una forma particular que solo reside ahí. La colección es bastante nutrida y variada en áreas, inclusive, sobrepasa en calidad y cantidad a muchas de las bibliotecas de barrio, o satélites, que he tenido la oportunidad de conocer.  Juegos didácticos, la Colección Clásica de Salvat, la del Instituto Colombiano de Cultura. Bastante literatura local, enciclopedias, libros infantiles, textos técnicos y académicos. Hasta un bellísimo tomo del Papel Periódico Ilustrado y algunas publicaciones actuales del Ministerio de Cultura como la del fotógrafo Nereo López, gracias al convenio logrado con el Banco de la República. Hay para todos los gustos y necesidades.

La gente se topa con el arte en las calles.
Foto: Sebastián Becerra.

De ese espacio esporádico de lectura, sentados al piso y sin mayores condiciones, pasaron al club de lectura juvenil e infantil, alternando con una cantidad de actividades impensadas años atrás: cine club, grupo ecológico, huerta comunitaria, tertulias de sexo abierto y positivo, talleres de fotografía y gastronomía, escuela de artes y oficios.

La biblioteca se creó hace seis años, cuando decidieron convertir ese local prestado a la comunidad en un centro cultural. “Una colcha de retazos y como 30 libros fue el inicio”. Comenzaron a leer Calicalabozo de Caicedo. Lecturas cada 8 días. Cierto día el profesor de la UTP Carlos Victoria les donó aproximadamente 500 libros. Daniel pensó en ese momento: “tenemos una biblioteca”. Hoy son casi 5 mil que han llegado, entre donaciones, intercambios y uno que otro “que hemos podido comprar”.

Sin duda, Frailes Arte ha crecido con el tiempo y la biblioteca es el proyecto – espacio – más visible que tienen. Con el que más los identifican y gracias al cual han podido generar un gran impacto social en promoción de lectura y talleres literarios con niños y jóvenes de la comunidad y los colegios más cercanos. Ganaron en 2013 y 2015 convocatorias con el Ministerio de Cultura que les ha permitido sostener y dar crecimiento a la Escuela de Artes y Oficios, con profesores pagos en áreas como el teatro, la danza, la pintura, la cocina tradicional, la radio comunitaria, y un mayor énfasis en la lectura, la escritura y la oralidad, “cuando no tenemos esta posibilidad, la intentamos sostenerse con la voluntad y donación de la gente que nos conoce, por eso desde hace tres años nos legalizamos como Coorporación Casa Taller”. Uno de los resultados fue la publicación de dos volúmenes de Mi cuento es Frailes, antología de textos literarios creados durante los proceso de formación.

POR ESPACIO NUNCA SUFRIMOS, ESTABA EL ANDÉN, LA SALA DE UNA CASA, LAS CASETA, LOS PATIOS DE LOS COLEGIOS, EL PARQUE.

Muchas cosas han surgido a partir de ahí, la biblioteca es como un cuerpo ambulante que camina con vida propia por toda la comunidad. Cuando ni siquiera la biblioteca del colegio está abierta, ellos están ahí para consulta o prestamos en casa. Hay programación permanente con por lo menos 20 actividades al mes, con algunos lapsos que toman para descansar o proyectar nuevas etapas. Se ha aumentado la oferta: galas literarias, reuniones permanentes, presentaciones artísticas, radio on line, cine club para jóvenes y adultos, club de lectura, obras de teatro, títeres, conferencias, exposiciones (en el segundo piso de la casa), el festival Frailes Rock que va por su tercera versión, brigadas culturales, lanzamientos de libros, encuentros con invitados de otras ciudades, entre muchas otras que van surgiendo en el camino.Muchas cosas han surgido a partir de ahí, la biblioteca es como un cuerpo ambulante que camina con vida propia por toda la comunidad. Cuando ni siquiera la biblioteca del colegio está abierta, ellos están ahí para consulta o prestamos en casa. Hay programación permanente con por lo menos 20 actividades al mes, con algunos lapsos que toman para descansar o proyectar nuevas etapas. Se ha aumentado la oferta: galas literarias, reuniones permanentes, presentaciones artísticas, radio on line, cine club para jóvenes y adultos, club de lectura, obras de teatro, títeres, conferencias, exposiciones (en el segundo piso de la casa), el festival Frailes Rock que va por su tercera versión, brigadas culturales, lanzamientos de libros, encuentros con invitados de otras ciudades, entre muchas otras que van surgiendo en el camino.

Foto: Sebastián Becerra.

Y si la gente no llega a la biblioteca, ellos la llevan hasta sus calles o a la vuelta de la esquina. Ese empuje, con cierto acto de irreverencia ante un posible desalojo, detonó en la bibliocarreta, “compramos una carreta de madera, la pintamos, y salimos con ella a la calle. Nos tomamos un espacio del barrio que se vuelve biblioteca por una tarde. Además de libros también llevamos allí juegos, la radio en vivo y en ocasiones el cine club, vamos de cuadra en cuadra, a la vieja usanza del pregón, ofreciendo cultura”. Con la bibliocarreta han llegado también a lugares fuera de su comunidad como la cárcel, a festivales de literatura, al Lago la Pradera, entre otros.

“No somos el show de las estrellas todavía, que llegamos a una calle y sale la gente desbordada. Pero primero llegaban 5, luego 50, y quizá, hoy lleguen 100, ahí vamos haciendo camino”. Me dice esto, sin antes advertirme, que tiene una serie de frases de cajón para responder a mi pregunta final: ¿ha logrado algo con todo esto?

Visitas de hoy:

1

Visitas de ayer:

2

Leave Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Tienes preguntas?

¿Tienes alguna pregunta? ¿Alguna idea para mejorar? ¿Te interesa hacer parte de CIUDAD CULTURAL?
¡Comunícate con nosotros, y hagámoslo real!

CIUDAD CULTURAL

Avenida Circunvalar Nº 15-04.
Enseguida de la iglesia San José,
frente al Hotel Movich.
Teléfono: 3193533147

¡Contáctanos!