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Del caos al verso

Por Maritza Palma Lozano | Fotografías Tropa Teatro

En el Festival de Teatro Clásico de Almagro 2018, la agrupación había presentado su obra Quijote, espejo del hombre, sin saber que una presentación los llevaría a otra, ya que el director del Festival, Ignacio García, les recomendó montar el clásico La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, para que volvieran en este 2019; y así será, después de la presentación que harán en Pereira el 18 de julio.

Del caos al verso y de la representación al reencuentro se gestó el montaje más reciente de Tropa Teatro: La vida es sueño.

Enfrentarse a una obra escrita por uno de los más representativos autores de la literatura barroca, les abrió un camino hacia sucesos que los llevaron a vivir la rabia y la risa durante un montaje que, como la vida misma, se convertiría en un “enfrentamiento constante con lo adverso”, pero no una adversidad fatal, sino una que en medio de las marañas de los procesos creativos saca a flote lo más humano.

“Una gran lección que tiene la obra es admitir que la vida es un sueño, entonces uno dice ¿me la voy a soyar o la voy a padecer?” cuenta Maryuri Ruiz, quien interpreta a Estrella, mientras Gustavo Vidal, quien protagoniza a Segismundo, complementa hablando sobre la exploración de crear un personaje, ya que si bien al principio todo es técnico, hay un punto de quiebre donde “el personaje devuelve como si fuera una mirada de uno”, como si el teatro dejara de ver hacia afuera y se convirtiera en pretexto para verse a sí mismo.

EL CAOS

Cuando se dio la propuesta de hacer la obra, los integrantes de Tropa Teatro pensaron inicialmente que el montaje estaría para el año 2020, sin embargo, tras ratificar la decisión de que fuera además su primera coproducción con la agencia de consultoría de Bogotá +Cultural, se propusieron el primer gran reto: la obra tendría que estar lista en menos tiempo.

Como toda una carrera, o más bien una obra, contra reloj, en noviembre y diciembre del 2018 empezaron las lecturas. Lo primero que tuvieron al frente fue un texto denso, que si bien es comedia, resultaba ser “una obra muy ladrilluda, muy pesada, [donde] el lenguaje era complicado porque nosotros no estamos acostumbrados ni a escuchar, ni a recitar el verso”, dice Gustavo.

Así, coincidieron con su primera dificultad, sin embargo como cuenta Diego Zabala “nosotros trabajamos bajo el principio de incertidumbre […] incluso tomamos el caos como una oportunidad de creación”.

Siguió el análisis, el estudio del barroco y las lecturas colectivas de la obra llegaron a hacerlas más de 40 veces. Entre febrero y abril le invirtieron toda la energía al laboratorio que les permitió desarrollar los frentes escénicos de su obra, a preparar una propuesta de música barroco-andina original, con la asesoría de Germán Piñeros, y garantizar todo el entrenamiento para la construcción dramatúrgica en la que también trabajaron sobre las bases de Virgilio Ariel Rivera.

Todo fue cobrando una forma que les permitió reafirmar que la obra, pese a ser de época, tenía vigencia en la Colombia actual, pues La vida es sueño, además de comedia es un juego de poder que aborda la idea del perdón, y en palabras de Maryuri “es un juego muy macabro porque [en Colombia] estamos acostumbrados a obedecer”.

EL ENCIERRO

Una vez avanzados en sus fases creativas la Tropa, como ha sido costumbre en el montaje de sus obras anteriores, se aisló para hacer su primer ensamble. Del 01 al 31 de mayo, dejaron de ensayar en el Teatro Alcaraván, y se encerraron en una finca en la Vereda Santa Ana Alta; allí adecuaron un espacio e iniciaron la travesía de montar en medio de la lluvia. El agua como el verso se configuró en otra dificultad.

Trabajaron de lluvia a lluvia durante jornadas de más de 12 horas, actuando sobre la montaña, donde está ubicado el Teatro Stone river, un kiosko adecuado por Robinson Cardona, otro de los integrantes de la obra. Con risa Maryuri simplemente afirma que ha sido “el montaje más mojado”. 

Bajo la guadua y el techo de paja, la Tropa hizo una búsqueda estética entre lo poético del teatro y la hostilidad de la realidad. Mientras Dosquebradas se inundaba, los actores explotaron sus artes corporales y tuvieron una inmersión en una obra que sacude con el cuestionamiento de que hay que despertar del sueño. 

Maryuri explica: “podríamos mostrar solo lo caótico del sueño pero está la posibilidad de soñar la vida para volver a ser. Si esto es sueño lo voy a soñar bien, por eso Segismundo decide reivindicarse con el poder que tiene como príncipe”.

La duda, la ira y la transgresión también tuvieron su lugar en este montaje. 

La duda porque como sigue contando Maryuri “estamos en un dilema con relación al sentido de las palabras”, ya que en algunos casos no sabían si mantener las expresiones originales de la obra o cambiarlas por unas que se entiendan fácilmente en la actualidad, sumado a que les importa mantener el verso sin necesidad de recitar, justamente porque la obra tiene diseñada una estructura gramatical distinta para cada personaje. 

La ira en  aquellos momentos donde los actores se pelearon con sus propios personajes y esas exploraciones por entenderlos. Y la transgresión cuando cada actor propuso interpretaciones y aprovecharon las particularidades para juntar un universo, que según Jhonathan Rodriguez busca “levantar el ladrillo del piso para que haya imaginación” explorando la risa y la angustia.

EL PARTO

Nunca habían montado una obra de esta magnitud en tan poco tiempo, pero justamente lo lograron gracias a su trabajo de 15 años como creadores, lo cual les da las bases porque, como dice Diego, “la experiencia no es la sumatoria de talentos, son los equívocos y aprender a trabajar en colectivo” sorteando lo que ellos llaman los amores y desamores que trae consigo compartir tanto tiempo juntos.

Hicieron una primera muestra de su obra el 01 de junio en el Teatro Alcaraván, el mismo en el que ensayan día tras día en Dosquebradas. Se trató de una presentación íntima, otra costumbre que tienen para devolver al lugar donde ensayan el resultado de sus esfuerzos creativos. Según Maryuri, si contara cuántas veces han presentado la obra, podría sumar 6 o 7, incluyendo la presentación en el Teatro Colón, “uno de los teatros más sorprendentes del mundo”, según la BBC de Londres. 

Como los hijos, que con parirlos no es suficiente, los integrantes de Tropa Teatro después de cada una de sus presentaciones siguen haciendo un ejercicio de perfeccionamiento, donde evalúan lo que hay que corregir para trabajar sobre lo montado. Así, siguen escuchando lo que sus personajes les susurran y que más allá de la actuación los lleva a cuestionarse como humanos.

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